15 dic

Continuamos con la tercera parte de este relato romántico! Para quienes no habéis leído los capítulos anteriores o queréis refrescar la memoria aquí los tenéis: El secreto perfecto: 1ª parte, El secreto perfecto: 2º parte

El secreto perfecto: 3ª Parte

El secreto perfecto 3ª parteEstábamos muchos pero sólo éramos dos. Todo era un secreto y por momentos a punto estuvieron de descubrirnos, peo quizás por el morbo que nos daba la situación o mismo por el poder de raciocinio de los humanos, mantuvimos el misterio y nadie supo de aquella historia de amor que nació a su lado. No podrían ni imaginar que cuando ellos dormían, dos, sólo dos, despertaban y comenzaban el sueño más dulce, fascinante, intenso e incierto de sus vidas.

Aunque para mí la atracción era tan fuerte que hasta se podía palpar nadie notó nada, el hilo que nos unía daba miles de vueltas por la habitación rebasando cualquier obstáculo. Siempre estábamos juntos, nos buscábamos con la mirada, esperábamos esa palabra o ese gesto que tanto creíamos necesitar y aunque éramos muchos, seguíamos siendo dos.

El reto de disimular fue tan grande que hasta flirteábamos con otras personas, nos gustaba dar celos, tal vez como reclamo e intentar hacernos ver que no éramos imprescindibles el uno para el otro. Siempre, aunque de espaldas y en medio de una multitud de gente, cada uno se percataba de la posición exacta de su otra mitad y siempre, aunque nos envolviera un tumultuoso ruido, oíamos y sentíamos la respiración acelerada de nuestros cuerpos.

Y todo esto conscientes de que desde un principio había empezado la cuenta atrás, cada día era uno menos, cuando tendría que ser uno más. Sabíamos que tras este mini mundo que se creó en el paraíso blanco había un gran universo incierto, obligaciones y compromisos, sobre todo, compromisos.

Ninguno quería hablar del final, se evitaba toda referencia a la que llamábamos “realidad” (nuestra vida cotidiana) pero todo llega y el fin llegó.

La despedida no fue de película: ni hubo beso apasionado, ni llantos, ni palabras de amor, ni promesas…por no haber, no hubo ni un “nos volveremos a ver” o “ya te llamaré”. Fue rápida y fría, sin intimidad y con mucha discreción al igual que los días anteriores; el secreto no podría descubrirse y menos en el último momento. El adiós fue tan silencioso que hasta se podía escuchar, fue desgarrador, cruel, casi insoportable. El primer impulso me obligaba a sujetarlo, besarlo, quería deshacerme en sus brazos, pero tuve que aguantar, aparentemente serena e infinitamente destrozada mantuve la calma y supe salir de esa desagradable situación, como dice Sabina “capeando el temporal.”

Si pienso que no lo volveré a ver me entristezco, pero quizás lo prefiera a saber que al volver a verlo tendré que pasar de nuevo por estos días de soledad, de desamparo, de vacío permanente.

Mi instinto me manda ir a buscarlo, intentar retenerlo, hacer todo lo posible por volver a verlo; pero mi cabeza y ¿quién sabe qué? Me dice: que lo deje volar, que es un pájaro que ya tiene nido, ya tiene un futuro, un horizonte al que mirar.

Continuará…

Autora: Nubia

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