2 may

Hace ya varias semanas, o casi debiera decir meses, el comienzo del Programa de Coaching Personal “El Principio de una Nueva Vida” de Ana Belén Balsas fue el comienzo de un cambio de actitud, a través del cual pretendía conseguir encontrarme, estar a gusto conmigo mismo, y con ello poder compartir.

Pues bien; todo este tiempo de silencio en el blog han servido para recorrer ese camino y, dicho sea de paso, conocer a alguien muy especial que ha conseguido que, ahora más que nunca, desee conseguir ese objetivo. Pero, ¿cuáles han sido los pasos y escollos con los que me he encontrado y, dónde me encuentro ahora?

Hombre caminando mochila en la espaldaTodo comenzó, como en otras ocasiones, con un flechazo; una cena entre amigos, una guitarra parafraseando a Sabina, y ella revoloteando por doquier. Y todo comenzó, sin haberlo buscado; sin expectativas; sin pensar en el mañana… Y, sin darme cuenta, había caído en sus redes.

Pero, y aún no podría concretar cuando, a medida que iban transcurriendo las semanas, los momentos de intranquilidad y encierro se fueron sucediendo, así como las preguntas sin respuesta, y las miradas esquivas. ¿Sensaciones ya conocidas, con final no deseado?, me preguntaba. Seguro que podéis ayudarme a responder!

Todas y cada una de esas situaciones son provocadas por una especie de aturdimiento que me invade, un temor a expresar mi inseguridad ante sus ojos, de los que aún desconozco si tienen interés en conocer de que madera estoy hecho; qué sentimientos soy incapaz de afrontar; y la falta de certeza de si entiende el compartir tal y como yo lo sueño: sin resquicios, sin duda alguna, siempre con la verdad por delante.

Sin embargo, algunas de las veces que intento superar todas y cada una de mis fobias cogido de su mano, no la encuentro. Porque este camino, si bien habríamos de recorrerlo juntos, no confluye a menudo. Ella también ha llegado hasta mí con su mochila cargada. Y, en algunos momentos, siento que soy yo el que está pensando en los dos, en ambas mochilas, y que ella, por no entender mis reacciones, da media vuelta y huye en sentido contrario. Y entonces me desmorono, y dejo de ver esa luz al final del túnel. ¿Sabéis a qué me refiero?

Hoy ha sido uno de esos días; sin un detonante tan llamativo como en otros, pero consiguiendo un hastío hasta el momento casi olvidado.

¿Habré ya aprendido que en la vida siempre habrá pérdidas pero que, si no lo acepto con fortaleza y madurez, el miedo a perderla supondrá dejar de disfrutar y vivir con intensidad aquello que temo perder?

¿Seré capaz de explicarle cómo me siento, esta vez? O al menos cantárselo de la mano de la letra de Miguel Gallardo… “Hoy tengo ganas de ti

Frank