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Cabellos largos, cortos, rapados, rubios, morenos, blancos, naranjas, de colores, lisos, ondulados, rizados… Cualquier tipo de cabello o mismo su ausencia está ligado a la seducción.

La seducción del cabello varía según las modas, sociedades y culturas. En todas juega un papel muy importante para ganar o perder puntos a la hora de atraer a otra persona.

El cabello tiene una magia especial y en cierto modo revela nuestra forma de ser. Una vez conscientes del potencial de nuestra cabellera y de la energía que desprende, debemos saber adecuarlo a nuestro rostro y personalidad para sacar el máximo partido.

La seducción del cabelloEl cabello nos encuadra la cara y ensalza nuestra facciones: la mirada, el color de la piel, los labios, los pómulos,  etc. Debemos prestarle especial atención porque un corte inadecuado o un estilo que no va con nosotros/as puede hacer el efecto contrario y ocultar otros rasgos de seducción. Para que esto no ocurra y para resaltar nuestro brillo natural debemos encontrar un peinado acorde a nuestra personalidad con el que nos sintamos cómodos/as, elegantes y nos aporte un toque diferenciador. Seremos seductores en la medida en que el cabello revele las facetas atractivas de nuestra personalidad y nos singularice sin estridencias ni contradicciones: en armonía”

Todos los peinados deberán ajustarse a la lógica facial y personal de cada uno/a. Actualmente hay bastantes peluquerías que cuentan con estilistas profesionales que antes de hacer cualquier tipo de tratamiento al pelo elaboran un estudio de rasgos físicos, personalidad y estilo de vida.

Ahora que sabemos que el cabello es un gran aliado a la hora de la seducción conviene tenerlo muy en cuenta, buscar un peinado acorde a cada uno de nosotros/as y sentirlo como una de nuestras mayores señas de identidad. Y lo más importante es que si lo hacemos nos sentiremos mejor con nosotros/as mismos, lo que nos dará una mayor autoestima y seguridad.

“A veces, la seducción es un difícil ejercicio de voluntad. Sólo es cuestión de proponérselo” Pascual Iranzo. Hacia la seducción

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